Como en casi todas las Mampostales, ella fue un dibujo hecho sin mucha atención, garabateando con el bolígrafo. Cuando lo terminé, parecía algo así como el autoretrato de mi estado de ánimo en ese dia y así lo titulé. A los pocos dias de volverla a ver, me di cuenta de que quería cobrar vida y, como todo lo que pide vida, ella tenía hambre y quería más. Estaba claro que no se iba a ir sin que yo le diera algo de lo que exigía. Y le di a Michipú. Y fue Michipú quien me dijo que mi supuesto autoretrato se llamaba en realidad Cokochán.De lo poco que me han contado sobre ellas es que Michipú tiene un enorme corazón y Cokochán tiene un mundo aparte dentro de una bombilla.
Hasta les hice un logo con uno de sus lemas favoritos: “calla y mira el mar”.
Ahora que ya han nacido, a ver qué hago con ellas o qué hacen ellas conmigo.


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